domingo, 27 de septiembre de 2015

Anuncio de la firma de un acuerdo de paz

El 23 de septiembre de 2015 el presidente de Colombia, Dr. Juan Manuel Santos y el máximo líder de la guerrilla de las FARC Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, se reunieron en La Habana, Cuba, en el marco de las negociaciones de paz que se adelantan en esa ciudad desde el 19 de noviembre de 2012. El resultado de esta reunión es el compromiso de firmar un acuerdo de paz a más tardar el 23 de marzo de 2016. Después de dicha firma las FARC tendrán 60 días para iniciar la deposición de armas.

Uno de los puntos más difíciles de acordar fue la manera en que se juzgaran los crímenes cometidos en medio del conflicto por integrantes de esta guerrilla. Es bien sabido que en Colombia hay grupos de ciudadanos y líderes de opinión que consideran estas negociaciones de paz como una estrategia de los guerrilleros para evitar castigo por los crímenes cometidos durante la guerra. Esta es una forma de impunidad intolerable para estos ciudadanos. Ellos demandan del Gobierno Santos un castigo ejemplar para los guerrilleros y una reparación a las víctimas por los danos causados.

Infortunadamente, toda negociación exige ceder en algunos puntos a cada una de las partes. Los analistas dicen, y creemos que tienen razón, que los líderes guerrilleros no se sentarían a una mesa de dialogo si el desenlace prometido es una larga condena en las cárceles colombianas o eventualmente verse incursos en procesos de extradición.   Pues bien, con eso en mente tendremos que admitir que los castigos que reciban los guerrilleros estarán por debajo de las aspiraciones de las víctimas directas, esto es, los colombianos que han perdido familiares y propiedad en medio del conflicto. Esos castigos no tan rigurosos como querríamos son parte del precio que debemos pagar, como nación, para recuperar la paz que perdimos hace décadas.




Por su parte las FARC tendrán que abandonar sus aspiraciones al poder por la vía de las armas y aunque podrán participar en la dirección del Estado por medio de los mecanismos democráticos  que provee la constitución colombiana, ya no será posible crear el Estado que alguna vez se propusieron construir. Deben, además, someterse a la decisión del pueblo colombiano a la hora de iniciar campañas políticas para hacerse elegir en los diferentes cargos públicos del Estado.

El juzgamiento de los crímenes será adelantado por un Tribunal especial de justicia transicional (es decir un Tribunal de Arbitramento) cuyas decisiones, ambas partes se obligan a cumplir. En este caso, por tratarse de un asunto de Estado y sin precedentes, dicho Tribunal debe ser creado con ocasión de la firma de este acuerdo de paz.

Como vimos en nuestro curso, el arbitraje (Nociones introductorias de Caivano), fue desarrollado con un enfoque claro hacia el derecho comercial y a dirimir conflictos en que las partes tienen relaciones más profundas y de mayor alcance que el asunto que se pretende resolver mediante la figura de arbitramento. Visto así, se trata de una medida estratégica para proteger una relación entre dos agentes en el largo plazo, que puede verse amenazada por la aparición de un conflicto coyuntural. Podemos generalizar un poco este concepto para cubrir asuntos no relacionados con asuntos mercantiles. En el caso del conflicto interno colombiano, el Gobierno y la guerrilla de las FARC han aplicado este método de solución de conflictos al  ponerse de acuerdo acerca de quien actuara como juez para garantizar que haya castigo a los crímenes de lesa humanidad y la sociedad civil pueda aceptar este acuerdo sin la sensación de impunidad. Puede ser este el camino más inteligente que podemos seguir como sociedad para alcanzar la anhelada paz.